El estreno en la competición liguera no ha podido ser mejor para el conjunto amarillo. Además de llevarse los tres puntos en liza, esta victoria constituye la primera zancada en su carrera por estar en los cuatro primeros puestos al finalizar el campeonato regular y, de paso, ahuyenta la inquietud que pudiera haber surgido tras la eliminación en Copa.
El técnico, Javier Gracia, volvió a repetir el once que jugó en Cuenca y esta vez los futbolistas sí supieron leer el encuentro, lo que les permitió hacerse con las riendas del partido desde el principio y llevarse el bagaje más positivo posible en su primera visita de la temporada.
La línea defensiva cadista tomó una posición adelantada en el campo, lo que instó al CD Roquetas a jugar al contraataque y caer en posiciones de fuera de juego. Este paso al frente de los amarillos desde el arranque del choque permitió mandar sobre el mismo, si bien las ocasiones no eran claras y, en la primera parte, el partido caminó sobre el alero con un resultado incierto. La mejor oportunidad llegó en un remate de cabeza de Fleurquin, que salió fuera por poco.
El Cádiz supo esperar su oportunidad, mientras la figura del partido emergía con fuerza en la continuación de la contienda. Enrique Ortiz marcó las diferencias y protagonizó constantes incursiones con vitola de gol. Otro de los pesos pesados del equipo, Raúl López, también quiso tomar parte de la iniciativa en ataque y a los diez minutos de la reanudación fue derribado dentro del área. El árbitro no dudó en señalar la pena máxima que fue transformada por Rubiato.
Con los amarillos mandando en el marcador, en el 59’ Enrique se desmelenó por completo y puso un balón al segundo palo, donde entraba Juanma que sólo tuvo que remachar el segundo tanto del partido. A falta de media hora para la conclusión, la ventaja del Cádiz era justa y reflejaba la consigna puesta en práctica desde el minuto uno: Ir a por el partido.
Los cadistas no se echaron atrás con la franca ventaja obtenida y buscaron el tercero, especialmente llevados en volandas por el inspirado Enrique, que fue una pesadilla para la zaga local. Los minutos finales fueron bien ejecutados por los hombres de Javier Gracia, ralentizando el juego y conservando el cero a dos que permite realizar el viaje de vuelta con la tranquilidad de los deberes bien hechos.