Machicha

Machicha

Cádiz

 



Ángel Iglesias, o Machicha, como lo conocen los más veteranos seguidores cadistas, es uno de los máximos goleadores en la historia del Cádiz. Gallego hasta la médula, Machicha pasó por muchos equipos antes de recalar en el conjunto amarillo, en el que nunca pensó como destino hasta que se presentó la oportunidad.

Su carrera deportiva comenzaba en el Celta de su Vigo natal. Nuestro protagonista estuvo en el club celeste hasta edad de juveniles, pero no le dieron más continuidad. Resulta de lo más curioso saber como Machicha llegó a la entidad celtita: su padre era empleado del club, como portero del vetusto Balaídos. Con ese “enchufe”, Machicha tenía el sitio ideal para entrenar. Eso sí, lo hacía de noche, cuando ya nadie permanecía en el recinto. El goleador pasaba horas y horas ejercitándose en solitario, soñando algún día con jugar en ese mismo escenario con las gradas llenas, aunque el destino no le dio esa oportunidad.

Una vez fuera del Celta, pasó por el Alondras de Cangas, y de ahí al Fabril, primer paso importante en su carrera. Y es que dicho club, recién fundado, se convertiría poco después en el Deportivo de La Coruña. Estamos hablando de la temporada 66-67. Le salieron bien las cosas, y eso le permitió fichar por el Compostela. Tenía una edad muy corta, y Machicha ya había pasado por tres de los más importantes equipos gallegos.

Su progresión parecía no tener límite, y la temporada en el club compostelano le valió fichar nada menos que por el Valencia. El equipo che estaba en una de sus mejores épocas, y el gallego hizo lo que pudo, pero no consiguió permanecer en la disciplina del club levantinista. El Valencia lo incluyó a la temporada siguiente en el fichaje de un todavía poco conocido Barranchina , por lo que Machicha marchó cedido al Granada. Su primer viaje a Andalucía fue el primer paso para que terminara recalando en el Cádiz.

A Machicha le gustó Andalucía, así que tras su campaña en el club granadino, se buscó hueco en el Betis, que peleaba por volver a Primera División. De hecho lo consiguió, y en parte gracias a los ocho tantos del gallego. Aunque su rendimiento estuvo muy por encima de lo que dicta esa cifra, fue pieza clave en el sobrado ascenso del club verdiblanco.

Machicha seguía siendo propiedad del Valencia, pero tuvo problemas y no quería permanecer allí, por lo que regresó a la capital del Turia para cerrar su relación contractual. El por entonces presidente che comunicaba a Machicha que el Cádiz estaba interesado en él, pero el vigués no quería jugar de nuevo en Segunda, y pidió una cifra muy elevada de sueldo, para evitar dar un no. Pero para su sorpresa, los amarillos aceptaron, y Machicha tuvo que ingresar en las filas cadistas. El mismo delantero confiesa que entró en Cádiz llorando porque no quería ir, y tras su etapa en la Tacita de Plata, luego abandonó también llorando de nuestra ciudad, pero esta vez porque no quería dejarla atrás.

Su primera campaña en el club amarillo estuvo llena de contrastes. La temporada que hizo el equipo fue un auténtico desastre. Hasta cuatro entrenadores (García Andoín, Fernando Daucik, Bolea y finalmente José Antonio Naya) ocuparon el banquillo cadista, que lejos de aspirar por el ascenso, por poco no da con sus huesos en Tercera. Si no lo hizo, fue por los tantos del punta pontevedrés. Hasta 17 veces agujereó las redes contrarias, convirtiéndose en el ídolo predilecto de una afición desengañada con su equipo.

Muy en su estilo, el Cádiz se salvó del descenso por los pelos. Primero accedió a la promoción tras golear al Langreo por 4-0 (por supuesto Machicha abrió el marcador), y posteriormente, en dicha promoción, el Cádiz se imponía al Sestao por 1-2 (dos goles más de Machicha) y luego in extremis, los amarillos empataban a dos en Carranza, salvando un descenso que habría sido desastroso para la entidad.

Un año después Balmanya aterrizaba en Carranza, y este consiguió un mejor resultado a final de campaña. Nuevamente, Machicha se salió, haciendo la friolera de 19 goles. Fue el segundo máximo artillero en Segunda aquel año.

En su último ejercicio liguero, todo se torció para Machicha. Con Balmanya todavía en el banquillo, nuevamente el Cádiz realizó una temporada muy mala, en la que no salía nada. Machicha, en una decisión sin precedentes, solicitó al técnico cadista que no lo alineara más. No quería perder todo lo que había conseguido en los dos años anteriores, y antes que dejar un mal recuerdo en la que fue su mejor afición, prefirió hacerse a un lado.

Tras esta campaña casi en blanco, Naya lo reclamó en el Burgos, club al que se marchó tras su trienio en el Cádiz. Allí las cosas le fueron de maravilla en su primer año, pero al siguiente apenas jugó, y como hiciera en Cádiz, no se lo pensó: colgó las botas sin esperar a que concluyera la liga.










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